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                                                                                                           Abril 12, 2021

DE LOS TEATROS A LOS MULTIPLEX

Para comenzar, se debe partir de la transformación socio económica que sufrió la ciudad de Medellín a partir de la década del sesenta, la cual se vio marcada por un aceleramiento de la expansión del casco urbano gracias a los planes gubernamentales, a la inversión privada y en algunos casos a la migración del campo a la ciudad debido al conflicto armado. De la mano de este fenómeno, el centro de la ciudad que gozaba de una vasta y ascendente planeación arquitectónica (ya eran símbolos de la ciudad las obras del belga Agustín Gooaverts como el Palacio de Calibío, hoy actual Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe) se empapó del prominente crecimiento de la industria antioqueña, y la expansión del comercio. El centro de la ciudad, reafirmo su posición como lugar de esparcimiento de la clase popular emergente con la inversión privada realizada en sus locales y espacios comerciales. Es en este momento histórico desde el cual comienza la migración del cine de los teatros a las salas multiplex en los centros comerciales. En el caso de los cines de barrio, las condiciones y las razones acerca de su desaparición varían según el contexto, pues estuvieron directamente ligadas a la violencia del narcotráfico en la década de los ochenta.

Para lograr hacer un paralelo entre estos dos tipos de sala, comenzaré haciendo una pequeña descripción del espacio y el modo de funcionamiento de cada una. Los cines de barrio surgen, valga la redundancia, como espacios para proyectar películas, clásicos del cine o producciones con algunos años de trayectoria. En estas salas, debido a su cartelera, la boletería tenía un precio más asequible y por consecuente sus espacios eran más reducidos y modestos. No poseían confiterías para consumir alimentos – a comparación de los teatros – y tenían menos capacidad. En la ciudad se encontraban, entre otras, el teatro Antioquia en el Barrio Antioquia, el cine de La América, Buenos Aires, y Castilla. Las funciones en estas salas usualmente iban de once a once con cartelera continua y en la mayoría de los casos lograban cubrir la venta de toda la boletería.

Por otro lado, los teatros ubicados en el centro de la ciudad poseían otras características que no pasaban para nada inadvertidas. Allí se encontraban los más emblemáticos (en gran parte por su buena localización) y otros, más adecuados a las necesidades de la clase media. En primera instancia estaban: El teatro Junín, símbolo de ciudad en aquellos años, el teatro Libia y el Cid. Por otro lado, entre los más modestos estaban el teatro Lido, Dux, Metro Avenida, Odeón, Radio City, Granada, Bolívar, Olimpia, etc. Todos los teatros mencionados poseían confitería (uno de los elementos heredados por los multiplex), y los más destacados contaban con una sala de espera adecuada a las exigencias de sus clientes. Eran espaciosos y contaban solo con una sala, con una capacidad que supera la de los multiplex actuales por creces (la única sala que poseía el teatro Junín tenia por si sola una capacidad de 2.500 espectadores). La gran diferencia entre estos teatros y los cines de barrio, además de sus comodidades, cambio de tarifa, y ubicación, eran las películas en cartelera. La gran mayoría de los teatros ubicados en el centro tenían en su repertorio estrenos de las súper producciones de Hollywood, y si no era así, estrenos muy recientes, lejos de las clásicos y cintas casi que de archivo como las que se visibilizaban en los cines de barrio. A pesar de dichas diferencias, que no transcienden a la manera de consumir cine, encontramos un esencial parentesco entre estos dos espacios colectivos. El cine, sea como fuese, constituía la actividad de divertimento de los medellinenses, en la cual empleaban su tiempo libre y se convertía de esta manera, por su carácter compartido, en un espacio construido desde la colectividad.

Como dije anteriormente, la desaparición de los teatros en el centro de la ciudad se debe en gran parte, a la expansión comercial. Muchas de las ubicaciones de estos teatros, eran apetecidas por su lugar estratégico en calles y avenidas prósperas de la ciudad, como eran y lo son aún en cierta medida Junín, Sucre, Palacé, Maracaibo y Bolívar, entre otras. Entre este vertiginoso aumento del comercio se dio la demolición del más reconocido teatro de la ciudad, el Teatro Junín, en 1968 para erigir allí la sede principal de la Colombiana de Tejidos, el edificio Coltejer. Además de las demoliciones, varios teatros sufrieron una especie de mutación convirtiéndose en Iglesias cristianas y centros comerciales. Esta serie de demoliciones se extendieron hasta la primera década del Siglo XXI. A excepción de las Salas X, que perduraron a pesar de la evolución de la producción y reproducción (incluso de la piratería) como lo son El Teatro Sinfonía, y El Teatro Guadalupe, renombrado Gran Cinema Villanueva. Pero como dije en el principio, esta fluctuación en la economía, no fue la única razón de su desaparición.

La transición de lo análogo a lo digital, representado en la producción, reproducción y apropiación del video, y por consiguiente la aparición de nuevos formatos como el DVD, el cine se trasladó de los teatros y de la proyección, a un consumo doméstico los hogares mediante reproductores capaces de suplir las especificaciones de las salas, en cuanto a imagen y sonido se refiere. En esta revolución de los medios, aparece un fenómeno producto del mismo deseo de la reproductibilidad técnica: la piratería. Es curioso analizar desde este punto de vista, el crecimiento de la apreciación del cine ligado al fácil acceso a estas copias en el mismísimo centro de la ciudad. Cabe destacar también, el papel del Internet en esta divulgación y fácil acceso al cine que supone la transición a lo digital.

Por otro lado, los cines de barrio responden a otra dinámica caracterizada por el agravamiento de las problemáticas sociales producto de la violencia surgida por el conflicto armado, que en la década del 80 se recrudece en las ciudades, ciudades intermedias y pueblos. El público que asistía se vio de una u otra forma aislado de estos espacios, debido a la reiteración de la ilegalidad y la delincuencia. Del mismo modo, a finales de esta década y a principios de la década del 90 aparecieron los primeros múltiplex en la ciudad, como los de Unicentro y Monterrey. Cabe agregar que otro motivo que llevó a la desaparición de estos dos espacios fueron, el exotismo y lo atractivo que resultaba el centro comercial para los ciudadanos. Era una idea nueva, que contenía todos los servicios requeridos en el día a día en un solo establecimiento: banco, restaurantes, cine, almacenes de ropa, ventas de electrodomésticos, almacenes de cadena, etc., por lo cual el foco de atención se posicionó sobre estos y se dejaron de lado los antiguos teatros que alguna vez fueron la sede el entretenimiento de nuestra ciudad.

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